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Las Cataratas del Niágara, o cuando el viento no está a tu favor

Desde este momento en adelante mi viaje sufrirá un importante cambio porque mi compañero de viaje en New York decidió volver a Chile, así que comenzando desde este punto, todo el resto de la historia la hice por mi cuenta. Y no comenzó muy bien. Este post está para demostrar que no siempre las cosas resultan como uno las tiene planeadas, y que hay externalidades importantes que afectan la planificación de una travesía de este tipo.

En principio, la idea era simple: quedando cerca de 36 horas para volar a Las Vegas, tenía bus nocturno desde New York para visitar las Cataratas del Niágara y pasar todo el día en la zona, y así volver la noche siguiente directamente al aeropuerto John F. Kennedy de la Gran Manzana.

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Nuevamente fue Megabus la opción más económica para este trayecto. Crucé todo el estado de New York (y parte de Pennsylvania) durante la noche para arribar a Buffalo, a pocos kilómetros de la frontera con Canadá. Eran las 7 de la madrugada y mi mayor temor se había hecho realidad: el clima estaba horrible. Una densa neblina cubría todo el cielo y una pequeña llovizna se hacía presente. Así y todo, me dirigí rápidamente al pueblo Niagara Falls gracias a un autobús que sale del mismo terminal de Buffalo y así comenzar la aventura en las cataratas.

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Ya en Niágara Falls, la situación meteorológica no cambió, y me atrevería a decir que incluso había empeorado. Las Cataratas del Niágara están compuestas por dos caídas de agua: la Horseshoe Falls, que es la cascada principal y que está ubicada del lado canadiense, y la American Falls, que como su nombre lo dice se encuentra del lado estadounidense. Dado el mal clima del momento, decidí caminar al punto más alejado donde podía admirar la atracción para darle un tiempo al cielo de abrir, y ese lugar era Table Rock, en Canadá.

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Entre la frontera estadounidense y la canadiense se encuentra el puente Rainbow Bridge, propiedad de ambos países, y que tiene la particularidad de unir dos ciudades con el mismo nombre: Niagara Falls (US) y Niagara Falls (CN). Para cruzarlo caminando debes cancelar 0,50 USD y en un día de buen clima te ofrece una primera vista de ambas caídas de agua. En mi caso, sólo esperaba que a lo menos en mi regreso se pudiese despejar para disfrutarla. Sellé mi pasaporte y Canadá se había convertido oficialmente en mi país número 10.

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Mi actualidad del lado canadiense bordeaba lo penoso. No se veía absolutamente nada. Me quedaban unos 2 kilómetros para llegar a Table Rock y las pocas personas que cruzaba eran como almas en pena rendidas por no cumplir su objetivo en vida, digno de un episodio de Silent Hill. De a poco el sonido de la cascada se hacía ensordecedor y por ende, mis niveles de impotencia aumentaban exponencialmente.

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Hasta ahora sólo he hablado de la evidente niebla que cubría todo, pero la temperatura no superaba los 5°C y la llovizna por más pequeña que sea, ya comenzaba a traspasar las primeras capas de ropa. Un día cualquiera de invierno por este lado del mundo, supongo. A ratos el borroso panorama disipaba un poco y entregaba las primeras imágenes medianamente nítidas de la catarata Horseshoe, cosa que ilusionó falsamente por momentos.

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Mientras secaba mi ropa dentro del centro para visitantes en Table Rock, entablé una pequeña conversación con la señorita que vendía postales. Me explicaba que si el día hubiese estado agradable, incluso hubiese podido pagar 21 USD para vivir la experiencia «Journey Behind the Falls» que no acostumbra estar abierta en la temporada. En ella ingresas detrás de las cataratas y sientes el trueno que significa estar cerca de ella. Finalmente bajas al nivel de tenerla 13 pisos sobre ti y empaparte por su bruma y su estremecedor ruido.

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Pasaban las horas y todo seguía igual. En mis dos años recorriendo América recuerdo haber tenido complicaciones visitando lugares, pero era primera vez que, estando en la atracción misma, me devolvería sin la misión de verla a cabalidad. Te hace pensar: ¿es realmente lo más importante ver los lugares? ¿cuan valorable es la experiencia de sólo venir y estar? Si no hubiese venido, jamás habría entablado conversaciones con la gente que conocí, jamás habría aprendido la información que aprendí, o jamás habría tenido la oportunidad de escribir este texto. Cosas del fútbol, dirían mis amigos. Mientras tanto, el agua corría y corría.

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En total permanecí en Canadá cerca de 4 horas, incluso menos de lo que había dicho en policía internacional. Le llevaba más fe al país del norte, debo decir. Crucé el Rainbow Bridge de vuelta con un panorama aún peor que la ida y probé suerte del lado estadounidense. De este sector es posible subir a la Observation Tower, una torre sobre el nivel del río que permite apreciar de igual manera la catarata Horseshoe y la americana; en un día soleado, claro.

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Normalmente esta torre no da abasto para la cantidad de turistas que suben en ella. Hoy, era el único arriba. Las ironías de viajar: siempre me quejo de lugares turísticos atestados de gente y ahora que tenía uno para mi solo, no es precisamente la situación que esperaba. Lo que si mejoró notablemente fue la visibilidad a la cascada estadounidense, que desde la torre me entregó la mejor panorámica de todo el día, pudiendo verla desde que comienza la caída hasta reventar 30 metros más abajo. La guerra no la iba a ganar, pero si me sentí como que había ganado una pequeña batalla.

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Muchos de los miradores del lado estadounidense cuentan con descenso para admirar las cataratas de cerca, y eso hace que en esta temporada sean cerrados, lo que hizo que, además del Observatory Tower, no tuviese muchas más alternativas para verlas. Pensé que había llegado mi hora de volver a Buffalo, ya que además el atardecer estaba a la vuelta de la esquina, así también el bus.

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En el paradero y con el bus a una cuadra de llegar, medité mi decisión y decidí quedarme. De verdad, no todos los días estás en un lugar de este calibre, sea cual sea el clima, con poca gente, y además decides dejarlo en breve. Volví por una hora a la misma orilla de la catarata estadounidense y así admirar esta maravilla de la naturaleza una última vez. ¿Y saben que? Parte de la neblina había tendido a disipar, y por primera ocasión se podía divisar el skyline de Niágara Falls en Canadá, al otro lado del río Niágara, de forma perfecta y muy iluminado. La cascada, por otro lado, lucía fenomenal. Era un premio a la paciencia y a haber dejado hasta la salud de lado por esperar estos 15 últimos minutos. Más vale tarde que nunca, pensé.

Con esta visual no sólo despedía las Cataratas del Niágara, sino que el estado de New York y toda la costa este del país. A esta misma hora en un día, estaría en Las Vegas haciendo quizás qué cosa. Pero esa será otra historia.

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2 Comentarios

  • alfredo alvarez

    Estimado compatriota: En 3 semanas más estaré en NYC y deseo hacer Niagara en un día. En tiendo que para ingresar por tierra a Niagara lado Canadá, no es necesaria ETA, solo pasaporte? Y también, me puedes aclarar, porfa, como es el reingreso a EEUU. (pasaporte;entrevista,etc).Agradecido de antemano y un fuerte abrazo. Alfredo. aalfredoalvarez44@gmail.com

    • Rytoks

      Alfredo: para ingresar a Canadá por tierra es necesario sólo pasaporte, pero debes demostrar que sólo vas a Niagara Falls, osea, no andar cargando cosas como que vayas a quedarte allá, camino a Toronto hay varios controles policiales para evitar eso. El reingreso a USA es sólo caminando, con tu pasaporte y creo que tiene un costo de 1 dólar. Que conste, yo lo hice caminando, si lo haces en auto no sé si hay alguna diferencia.

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