Rohayhu Paraguay

Considerada la oveja negra de América del Sur, el pariente olvidado, el menos visitado de todos. A veces creo que si se jugase un partido de fútbol entre amigos del barrio, Paraguay sería siempre el último en ser escogido. Pero eso no lo hace menos importante. Durante el transcurso de esta primera parte encontrarán menos fotos que de costumbre, porque esta vez la riqueza del lugar viene en las palabras y no en las imágenes. Esta vez cobra relevancia la esencia del país y de su gente y no necesariamente el atractivo turístico del caso.

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Pero esta historia no comienza particularmente en tierras guaraníes. Al céntrico país accedimos por la frontera norte con Brasil, en la ciudad de Ponta Pora, que limita con la ciudad paraguaya de Pedro Juan Caballero y siendo separadas sólo por una calle. En este sitio nos albergó Jandir (alias Junior), un hombre que debutaba en lo que a Couchsurfing se refería y gustaba aprender los beneficios de esta aplicación en la previa de su viaje a Europa. Habiendo finalizado los trámites de salida de Brasil (realizada en el aeropuerto de Ponta Porá) y la entrada a Paraguay, ya estábamos en condiciones de conocer estos límites del corazón de Sudamérica.

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Junior fue un ángel para nosotros. Junto a él, sus amigos se encargaron de darnos la despedida perfecta a nuestros ya dos meses en Brasil. ¿La guinda de la torta? Una visita cultural al Parque Histórico Colonia Militar dos Dourados, lugar que aguardaba una interesante historia de guerra: el 29 de diciembre de 1864, numerosas tropas paraguayas acorralaron a unos pocos cientos de militares brasileños en este lugar, quiénes tenían la opción de rendirse o luchar hasta la muerte. Ellos dieron su vida en aquel lugar, sitio que hoy los recuerda por su valeroso acto.

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A pesar de que los mapas demarcan firmemente las fronteras de Brasil y Paraguay, en la práctica no es tan así. A ambos costados de la Avenida Brasil (calle que limita ambos países) los idiomas se mezclan y las culturas viven completamente entrelazadas entre si. Paraguay goza de casinos, beneficios y facilidades en las importaciones, y los brasileros disfrutan de aquello, mientras que muchos paraguayos envían a sus hijos a estudiar en frente para aprovechar la mejor calidad educacional. Inclusión. Todos ganan. Esta mistura se complementa aun mas con el uso diario de aquel refrescante brebaje llamado tereré: yerba mate, yuyo, agua fría y hielo que no puede faltar en ninguna mesa de la zona.

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Así fue que entramos a tierras paraguayas. Cuando investigas sobre atracciones turísticas en este país, la información es tan vaga que el Shopping China (una tienda de importaciones gigante ubicada en Pedro Juan Caballero) es una de las más buscadas. ¡¡Un shopping!!. Con el tiempo aprenderíamos que Paraguay hay que vivirlo, no investigarlo con anticipación, porque podría hacer que te pierdas un país de gente muy hermosa y lugares alucinantes. Puede que no tenga un Machu Picchu o un Salar de Uyuni para la foto de rigor, pero a los largo de su extensión tiene magníficos lugares que iré ilustrando a medida que avancemos.

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Las aventuras en Paraguay comenzaron desde el primer auto que nos levantó en dirección a la capital, Asunción. El conductor hacía gala de dedicarse al narcotráfico como forma de vida e incluso que el vehículo en que íbamos era robado. “No deben temernos a nosotros, chicos”, nos decía. “Nosotros queremos que ustedes turistas vengan a nuestro país a consumir nuestro producto, en cambio a quién deben temer es a la policía, que gana poco y debe rendir cuentas a sus superiores, a ellos deben temerles en la carretera”. En algo no mentía, en un país en que la droga estaba completamente normalizada como un negocio como cualquier otro, y en que en voces de los mismos paraguayos “el actual presidente es el mayor traficante del país”, todo lo demás cae como fichitas de dominó en una jerárquica secuencia.

Necesitamos de 3 autos para avanzar aquellos 450 kms y llegar a una Asunción que venía saliendo de una enorme tormenta eléctrica. Era domingo. En el trayecto vivimos las intensas temperaturas (bordeando los 40° C) y la sana costumbre paraguaya de pasar este día no laboral bajo la sombra más cercana con una cerveza o el tereré refrescando la jornada. Otra tradición notable era la del idioma guaraní, hablado por gran parte de la sociedad paraguaya (a pesar de que fue prohibido en dictadura) y que demuestra que las raíces nunca sobran, sino que hacen más enriquecedora a una nación orgullosa de su lengua nativa y ancestral.

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La llegada a Asunción nos permitió conocer a personas maravillosas, de esas que esperamos volver a cruzar en un futuro no muy lejano: Lourdes, una extraordinaria mujer, amante de la aventura, el ciclismo y la buena mesa, que gracias a Couchsurfing nos invitó a pasar unos días con ella; Ianina, quién a pesar de su dificultad para hospedarnos, hizo todos los esfuerzos para hacernos conocer Asunción y sus alrededores de la mejor forma posible; Marcos, quién nos llevó a la Paraguay más profunda, esa de cascadas y cerros, esa donde un fin de semana de camping es el mejor y más pacífico panorama que puedes vivir. Todas estas experiencias fueron siempre acompañadas por lo mejor de la gastronomía del país: el Chipa guasú, el Asadito, la Sopa paraguaya, la Chipa, la Mandioca, el Mate cocido, etc.

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Recuerdo la potente visita a la sede de la Conmebol, en Luque, mismo día en que me entero del trágico y fatal accidente del club brasileño Chapecoense en tierras colombianas. Recuerdo caminar por el Parque Nacional Ybycui, lugar de gran atractivo natural con sus enormes saltos de agua y su exuberante naturaleza, pero también de gran valor histórico, por contar con la fundición que proveía al país de armas y otros artículos en la antigüedad, y que fue tremendamente importante en la guerra de la Triple Alianza ante Argentina, Brasil y Uruguay, guerra que dejó al país en las ruinas y al borde de la desaparición.

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El paraguayo es una persona humilde, que rara vez te dirá que quiere dejar su país. Es feliz de recibir visitantes, como también siempre lo hicieron saber a nosotros. Mientras hacíamos dedo, hasta en motocicleta te levantaban, cosa que nunca había visto en mi vida. Y en un país que debe contar con más motos que automóviles en el interior, se agradecían en demasía. Así fue como llegamos a lugares tan extraordinarios como Mbocaruzu, cataratas en los profundo del departamento de Paraguari.

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La última etapa de esta primera parte en el Paraguay fue en la ciudad de Encarnación, en el sur, frontera con la provincia de Misiones, Argentina. Acá conocimos a Poli, la dulzura hecha mujer. En un día normal, ella sólo pasa los días junto a su pequeño hijo, pero en nuestra estadía en la ciudad nos hospedó a nosotros y a otros amigos visitantes de Asunción, y que por unos días conformamos una linda y homogénea comunidad que nos permitió recorrer los alrededores y disfrutar de pacíficos atardeceres de playa nadando en las aguas del Río Paraná.

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Junto a Wlady y a Eli, una viajera catalana perteneciente a este especial grupo, hicimos dedo sobre la llamada “Ruta Jesuítica” para aprender de la historia de las misiones jesuitas que encontramos en Argentina, Brasil y Paraguay. En esta visita fuimos a las Ruinas de la Santísima Trinidad del Paraná (la más extensa del país guaraní) y las ruinas de Jesús de Tavarangué. Historia viva de evangelización, expulsión y restauración para traernos la más pura demostración de lo que los jesuitas dejaron a fines de 1800 en la civilización latinoamericana de la zona.

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Después de un 2015 confinado en casa por problemas de salud, este 2016 fue la vuelta definitiva a las carreteras, al pulgar en alto y a un sin fin de historias que escriben este hermoso libro llamado vida. A principios de año fue Estados Unidos y Canadá, y ahora culminaba mi año de aventuras en América del Sur mirando hacia la panorámica de Posadas, en Argentina, que no hacía más que recordarme caminando por Brooklyn y admirando la inmensidad del skyline de Nueva York.

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Ahora corresponderá volver por unas semanas a casa, a llenar el alma con la familia y reír junto a los amigos de siempre. Quién sabe si, mientras el verano se asoma por las costas de mi Talcahuano, me encuentro compartiendo un tereré, pensando en los bellos momentos que viví en el tierras guaraníes y en la inminente vuelta a un país que de oveja negra y olvidado no tiene absolutamente nada. Por mi parte, Rohayhu (te quiero) Paraguay.

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