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Cataratas del Iguazú y la mejor de las revanchas

Recuerdo que cuando caminaba por las Cataratas del lado argentino había mucha información en Braille para personas con problemas a la vista. Recuerdo también a una persona que se me acerco y me pregunto: ¿Vendrías si fueses ciego? La verdad es que mi primera impresión fue que no, pero a medida que las pasarelas y los senderos van avanzando, vas cambiando de parecer. El sonido del agua caer, el aroma de la Mata Atlantica, la bruma que llega a tu cara no precisa de ojos para disfrutarse. Visitar Cataratas del Iguazu es una experiencia que involucra los cinco sentidos, no es sólo llegar y tomarte una selfie con la cascada a tu espalda. Cataratas se siente, y en este texto intentare transmitirles lo que es estar frente a una de las siete maravillas naturales del mundo y la mejor cascada que he visto en mi vida.

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Como ya sabrán, Cataratas del Iguazú se ubican sobre el río del mismo nombre, frontera entre Brasil y Argentina. Ambos países tienen infraestructura turística para vivirla, siendo muy diferentes las dos entre si. Así como recomiendo visitarlas ambas, sé que a veces el presupuesto no alcanza para hacerlo, por lo que les presentaré los pro y los contra de cada una y así formarles una pequeña idea de lo que encontrarán en los territorios che y paranaenses.

Finalmente, este lugar para mi tiene un significado muy especial. Hace poco más de un año, también en la frontera de dos países, sufrí una de las decepciones más grandes en mis años viajando por el mundo (debido al mal clima que me afectó el día de la visita): Cataratas del Niágara me había fallado. Y esta quería que fuese la redención definitiva de aquel episodio. 

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BRASIL

La primera experiencia fue en la ciudad de Foz de Iguaçu. Siempre escuché la frase «Para ver las Cataratas debes ir a Brasil, pero para ir a sentirlas debes ir a Argentina», así que me dirigí primero a fantasear visualmente con estas maravillas de la naturaleza. Para llegar es necesario tomar el bus que sale desde la Rodoviaria de Foz y que tiene un valor de 3,45 reales. pasando también por el aeropuerto de la ciudad (de hecho muchas personas van a las cascadas y se pasan directo a sus respectivos vuelos al regreso). Llegando al Parque Nacional, se cancela el ingreso (64.3 reales para chilenos) y se toman los buses que  salen cada 15 minutos en dirección a las profundidades del lugar. A poco de avanzar, comienzas a escuchar ese sonido característico de las caídas de agua, pero multiplicado por cien. Era un día soleado, nada podía salir mal.

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Descendimos del bus y avanzamos pocos metros para la primera panorámica. Ahí estaban, frente a mis ojos. Se me derritió el cuerpo y me dieron escalofríos. Ese estremecedor sonido nada hacía para calmar los latidos acelerados del corazón. Unos pequeños coatíes (los primeros de cientos que vi) sirvieron para distraernos y hacernos salir de esa cita privada que cada uno de nosotros tenía con esas cascadas. Recordé Niagara y ya pensé en una misión cumplida, pero había mucho más de donde venía esa impresión inicial.

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Mientras caminas por los senderos habilitados, el sonido se hace constante. De hecho lo escucharía por horas, mucho después de dejar el parque. En frente divisábamos el lado argentino y las pasarelas turísticas del país trasandino, lugar que visitaría más pronto que tarde. Las Cataratas son formadas por la entrada del cauce de Río Iguazú a un cañón, resultado de la acción erosiva de las aguas del mismo sobre las capas basálticas, y el lado brasilero es ideal para divisar este dibujo completo. Las aguas que vienen recorriendo más de 1300 kilómetros desde los alrededores de Curitiba no dan descanso al visitante para dejar de admirarlas y en época lluviosa pueden llegar a ser más de 270 saltos.

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Los momentos más emocionantes de esta visita son definitivamente la pasarela que se adentra en la inmensidad de Garganta del Diablo, teniendo la Catarata completamente a tu disposición. La gran cantidad de visitantes hace que a ratos se haga algo incómodo, pero esta vista extraordinaria de 360 grados te hace imaginar en una soledad extrema con tamaña monstruosidad y sus numerosos arcoiris, borrando a todos del mapa, haciéndolo verdaderamente placentero.

La verdad es que no disfruto de lugares que estén tan atestados de personas, pero acá la confluencia de idiomas, colores y tradiciones hace de esto una comunidad mixta que se rinde ante los pies de Iguazú. Colosal y totalmente estremecedor. Te sientes del tamaño de una hormiga.

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El otro punto clave del sector paranaense es un ascensor que te eleva hasta las alturas y te otorga probablemente la mejor vista del río Iguazú en su inicio, de Garganta del Diablo, del abrupto descenso y de la continuación del cauce, como si nada hubiese pasado en este largo trayecto que desemboca en la triple frontera con el Paraná.

Hace mucho tiempo que no visitaba una atracción turística sin estar con alguien más. Eran casi dos meses de viaje y siempre algún otro viajero o viajera acompañaba mis pasos. Así como yo, muchas otras personas disfrutaban de su interna soledad con las Cataratas a punta de fotos de si mismos con el celular y una selfie stick. Y muchos otros los perdían debido a la bruma del sitio. Las cosas del viaje: recordé que un año exacto antes mi cuerpo ardía en la complejidad del Parque Nacional Zion, en Estados Unidos, y hoy me empapaba hasta las cuecas (los calzoncillos) en una de las siete maravillas naturales del planeta.

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El parque está abierto de 9 AM y 18:30 hrs y, a mi parecer, es posible recorrerlo fácilmente en dos horas, pero invita a quedarte una semana si así fuese posible. Si tienes suerte puedes admirar macacos y si tienes aún más suerte regresarás algún día para volver a inundar todo tu cuerpo con las aguas de esta bestialidad de bendición. La naturaleza nuevamente te enseña que no hay imposibles para ella, que aunque creas que has visto lugares inmejorables en tu vida, te pone a prueba y te vence por paliza. Acá, eso si, creo que tocamos techo.

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ARGENTINA

Sólo un par de días pasaron para retomar la segunda parte de esta aventura fronteriza. Esta vez comencé cumpliendo mi sueño de atravesar la triple frontera en la embarcación desde Presidente Franco (Paraguay) hacia Puerto Iguazú (Argentina). Una particularidad que tiene el lado argentino en relación a sus dos colegas es que para entrar a la ciudad se debe hacer los trámites pertinentes de aduanas, por lo que precisas tu identificación y los papeles respectivos, mientras que Brasil y Paraguay tienen vía libre sin problemas.

El viaje es breve, de unos 15 minutos. y como la suerte siempre forma parte de mis locas historias, esta vez una conversación entre las únicas dos personas que iban admirando el paisaje, tal cual yo lo hacía, terminó concluyendo en un recorrido juntos en auto desde el embarcadero de la ciudad argentina, en dirección a Cataratas, lugar al cual ellos también se dirigían. Claramente, viajar es lo mejor que me pasó en la vida.

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Sus nombres eran Patricia y Trevor, paraguaya residente en Ciudad del Este y estadounidense (o de Boston porque así podría preferirlo) que se encontraba por trabajo en la zona. No demoramos mucho tiempo en hacer amistad y decidir caminar juntos a la par por la imponente atracción. Independiente de que viajásemos en auto, desde Puerto Iguazú hay buses que también te enrutan hacia Cataratas; eso si, el precio lo desconozco.

Pagamos nuestra entrada de 500 argentinos (casi 50% más costoso que el lado brasilero) y accedimos a una pequeña estación ferrea completamente llena de gente. Esperábamos por un tren que nos llevaría a la primera parte e inicio de los senderos, los que normalmente cuentan con dos rutas: una superior que bordea la cima de las cascadas (las mismas que días antes había divisado desde en frente) y una inferior que lamentablemente se encontraba cerrada debido a la aparición de pumas salvajes en el interior del parque. Cosas maravillosas que esconde la Mata Atlántica.

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Antes de preguntarte si la visita anterior había sido un sueño, Cataratas del Iguazú te vuelve a golpear con fuerza. Era verdad, estaba de vuelta en este lugar, pero ahora completamente desde el ángulo opuesto. A veces la realidad es un poco más sorprendente incluso que lo que uno logra imaginar. Y desde su descubrimiento, en 1542 por el español Alvar Nuñez Cabeza, pasando por las intenciones de ambos países fronterizos de hacerlas conocidas y de ser reconocidas como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO a mediados de los 80s, no han parado de maravillar a quién ose visitarlas.

El mar de gente subió al tren y éste inicio la marcha hacia la primera de las dos paradas. Descendimos e iniciamos la caminata por las pasarelas. Aquí, las informaciones con los nombres de cada uno de los saltos afloran, ya que ahora los estábamos pasando justamente por arriba. Desde temprano la bruma ya se sentía sobre nuestras ropas, previniéndonos de lo que se aproximaba. Los diferentes afluentes formados sobre el cañón del río mostraban la caída libre en dirección al Paraná. Era evidentemente desigual al lado brasilero, a pesar de los pocos metros de distancia.

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El «highlight» máximo de ambos lugares es definitivamente el mirador argentino de Garganta del Diablo. No hay nada que se le compare. La segunda parada del tren nos ubica esta vez al inicio de las pasarelas hacia el abismo mismo, y se tarda unos cinco minutos caminando en alcanzar su fin. En el camino, cientos de personas volvían empapadas como si se hubiesen metido al río mismo con todo y vestimenta, mientras otros se encontraban cubiertos completamente por protectores para la lluvia. Estaba hermoso el día, ¿Que sucedía?.

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Garganta del diablo, eso sucedía. Estábamos en la boca del lobo, la caída de agua más apoteósica de todas las del Parque Nacional Iguazú, en cualquiera de sus sectores. Y el mirador divisa la perfección absoluta de esta cascada con forma de herradura desde las mismas alturas. Te sientes el rey del mundo, como si controlases la fuerza de las aguas y las hicieras caer por tu propio poder a un fondo que era imposible observar de tanta bruma. ¿El sonido? Estrepitoso. Estruendoso. A ratos encantador.

En este lugar fue donde recordé la pregunta del ciego y me autorespondí. Absolutamente vendría todos los días de mi vida aquí aún siendo no vidente, aca descubrí que Cataratas era un viaje de los cinco sentidos y que se siente en la piel, en las mariposas que te dan en el estómago, en esa sensación de liberación del alma. Pocas veces me sentí así.

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Punto aparte, la compañía. Si una de las cosas que no había logrado hacer completamente placentera la visita al lado brasilero, esa fue realizarla en soledad. Trevor y Patricia fueron estupendos compañeros de viaje en esta segunda parte y me brindaron esas conversaciones y momentos que probablemente solo no habría vivido. Porque fotos más o fotos menos, al final lo que uno recuerda de los lugares visitó, lo que nos genera esas «saudades» y nos transportan nuevamente allá son las personas que conocimos allí. Con ellos llegué y con ellos me devolví en dirección a Ciudad del Este.

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En fin, Cataratas del Iguazú es una visita para todos los gustos. Me cuesta aventurarme en decidir cual de los dos lados es mejor, creo que dependiendo los gustos de cada uno, ambos pueden ser el mejor. Si gustas las panorámicas de todo el parque, recomiendo visitar Brasil, pero si tu pasión es sentirte casi saltando al agua de la cercanía, recomiendo Argentina. Otro sueño cumplido albergará este pequeño trozo de río, mío y quizás de cuantos miles de personas más. Aquí, ante la potencia y violencia absoluta de Garganta del Diablo, ese lugar que me dejó sin palabras, creo que la deuda pendiente con las Cascadas estaba saldada. Creo que mi alma ya podía ir en paz.

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