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Paraiba do Sul, el huracán y el más difícil de los adiós

Normalmente la gente cree que ser viajero es pasarse de fiesta en fiesta en diferentes ciudades, mucho ruido, bebida y drogas, una mujer en cada lugar (como si ese prejuicio marinero de pronto recayera sobre nosotros). Acontece, claro está, pero para viajeros lowcosts es muy raro ver actitudes así, aún sin considerar las pretensiones de cada viajero. Después de tres años, sigo queriendo aprender, explorar, descubrir, no sólo lugares, sino también vivir experiencias diferentes. Y algunas suceden en los lugares menos pensados.

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Salí de Ilha Grande un viernes muy temprano con intenciones definitivas de dejar de una vez por todas el Estado de Rio para siempre, pero como si fuese un pulpo, este lugar me abrazó y me dijo que aún tenía una sorpresa pendiente para mí. Cuatro vehículos me acercaron a Tres Rios, en la frontera con Mïnas Gerais, sitio donde conocería en persona a Luana, mochilera experta en carona que sigo en su instagram @minadascaronas. Gracias a sus infinitas gestiones logré caer en el remota ciudad de Paraiba do Sul, en casa de Clarisse y su hijo Nicholas.

Paraiba do Sul, conocida como la reina de las aguas minerales, es una ciudad de unos 40.000 habitantes. Zona de fazenderos, guarda herencias de antiguas épocas de oro del ciclo del café, con construcciones magníficas que datan de la época (la mayoría hoy funcionan como edificios públicos).

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Una tarde del sábado fui a encontrar a Clarisse, artesana especialista en el rubro de la lana. Cuando la conocí mi primera sensación fue de que algo malo estaba aconteciendo con ella, tenía un rostro blanco como fantasma. ¿La respuesta? La muerte de su mascota hace unos días la tenía con varios días sin ánimo de comer, levantarse o trabajar en sus coloridos crochet.

¿Si en ese momento sabía lo que sucedería? ¿Que una semana después dejaría este lugar con el corazón en un hilo? Claro que no. Sólo, para agradecer el gesto del recibimiento, decidí quedar unos días y así retribuir la confianza con algo de alegría, historias de viaje y risas. Cualquier cosa que la sacase de su estado de tristeza y la levantara a dar vuelta la página y seguir adelante.

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Se autodenominaba el «furacán», palabra portuguesa para huracán, porque según ella describía el desastre de persona que era, pero realmente no lo parecía. Con una difícil historia de vida antecediendo sus pasos, mostraba coraje en cada acción que realizaba, en cada respiro que inhalaba. Sentí admiración, una conexión particular que llevaba tiempo sin evidenciar. Demostraba ser una extraordinaria mujer, amiga, artesana y madre de su pequeño de una docena de años.

Pero también era guía turística. Y el Santuario Bom Jesus de Matosinhos, en medio de la sierra del distrito de Werneck, fue uno de los lugares escogido para visitar. Particularmente conocida por su Sala de Milagros, lugar donde son atribuidos los pedidos de los peregrinos dejando ofrendas que van desde fotografías hasta prótesis de extremidades, este templo acoge la mayor fiesta religiosa de todo el estado de Rio de Janeiro cada último domingo de agosto.

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Pero eso no fue todo. Quedar en casa de una moradora local da la posibilidad de conocer lugares que un turista promedio no alcanzaría contratando un tour o viajando solo. Así fue como Clarisse y yo vimos en soledad el atardecer con una panorámica perfecta de 360 grados en el morro más alto de la zona. La sierra se abalanzaba ante nuestros ojos como un gran anfiteatro circular, mientras nuestras miradas de acantilado comenzaban poco a poco a cruzarse en el horizonte.

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Es aquí donde el viaje me debía ver marchar. Tenía ya todo amarrado para visitar Petropolis, al sur de Paraiba, porque me había preparado para hacer el sendero de los Portais de Hércules en el Parque Nacional Serra dos Orgaos, y era una cita que no podía rechazar. Con una sensación de hacer una acción incorrecta, me desplacé y dispuse de mi mochila para lo que serían teóricamente 20 kilómetros con más de 1 kilómetro de ascenso.

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La caminata tuvo de todo. Pagué 40 reales para subir en un día que el clima iba a acompañarme, pero esto no fue realmente así, el menos no durante todo el tiempo. Cuando me aprontaba a subir, ya veía como la neblina comenzaba a cubrir los cielos y mi ánimo tendió a decaer rápidamente. Quizás el tiempo me estaba diciendo que no debería haber venido, pensaba, que debería estar en otro lugar, quién sabe. Lo cierto es que subí a la cima del primer cerro y me encontré con algo que me alivió un poco. La sierra que estaba ascendiendo se encuentra a unos 100 kilómetros de Rio de Janeiro, y cuando llegas a su punto máximo de altura puedes tener una vista asombrosa de la cidade maravilhosa. Claramente no fue perfecta debido a la neblina, pero por un momento me senté a olvidar lo que había pasado y me dejé llevar por la sensación de sorpresa que encontré en esa asombrosa visual.

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Finalmente llegué al primer abrigo de montaña llamado Castelos de açu, debido a la formación rocosa que antecede al refugio. Acá es posible acampar o pagar una cama para pasar la noche en caso de realizar la travesía de tres días desde Petrópolis a Teresópolis. Pero yo quería seguir. Como verán en la foto siguiente la neblina cubrió absolutamente todo a mi alrededor y no era posible siquiera tomar una foto, tanto así que el encargado del refugio me advirtió que era imposible llegar a los Portais de Hércules. Me quedaba en 16 kilómetros de los 20 finales y sin el objetivo de ver lo que vine a realizar. Cosas que suceden al hacer senderismo.

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Volví a Petrópolis a recuperarme del viaje, en lo que fue un momento de meditación y mucho que considerar. Mi tiempo de viaje comenzaba a apretarse y aún debía recorrer la ciudad de Petrópolis, conocida por su historia y arquitectura colonial, pero ¿saben qué? Vivir experiencias también es viajar, apasionarse también es viajar, y la verdad es que mi corazón me decía que debía volver a Paraiba do Sul a reencontrarme con esa persona con quién tanto disfruté días antes.

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Qué puedo decir ahora, a más de 250 kilómetros de distancia. Pasar una semana en Paraiba do Sul con Clarisse y Nicholas fue un respiro para mi alma, fue más que un descanso o unas vacaciones diferentes, fue volver a sentir cosas en mi estómago que no sentía hace más de 3 años y que por mucho tiempo pensé que no iba a ser capaz de revivir. Fue evolucionar la admiración que tenía por esa mujer en un cariño que se convirtió finalmente en amor puro y sincero. Los viajes hacen que las sensaciones sean mucho más intensas, que las relaciones amorosas y amistad aceleren su tranco porque sabes que probablemente no verás a la otra persona en el mediano plazo, al menos por un tiempo importante. Es una situación cruel, pero es así, frío como el hielo.

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Viajar te hace amar la vida, pero también a veces te hace odiarla. Te reconstruye el corazón, pero también te lo rompe en mil pedazos, y espero que de a poco la ruta pueda nuevamente, pedazo a pedazo, rearmarlo. Lo cierto es que la quiero mucho y aún la extraño, y si tuviese que volver a desistir del turismo de paisajes o ciudades por vivir experiencias de este tipo, volveré a repetir mi actuar. Con lágrimas en los ojos (y un gorro de crochet tejido a mano) dejé la ciudad, preguntándome, dudando por primera vez si el viaje era la solución a todo. Mientras tanto, voy a ser un eterno agradecido del universo por haber llegado casualmente a este remoto pueblo de Paraiba do Sul y por haberme cruzado con el huracán, porque por una semana fui feliz de una forma indescriptible para expresarlo en palabras en este texto, y tengo certeza que no los voy a olvidar jamás. Hasta la próxima.

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«La ruta sigue más allá de las luces de la autopista, secando el ojo de la lágrima te perderás de vista».

2 Comentarios

  • Marcelo

    Bello escrito comprendo el sentimiento, es bueno tomarlo con una sonrisa, sentir todo lo que haya que sentir y agradecer por sentir.
    Hay muchas personas que uno conoce mientras se viaja, pero hay algunas de aquellas personas que se guardan con el sentimiento y la emocion de un bello tesoro. A veces es mejor que haya alguien a la distancia pensando en tí con afecto y buenas vibras.
    Abrazos y muy buenos vientos para tus viajes👍

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