El encanto natural de Semuc Champey

Bordeando los 37 mil kilómetros de viaje y habiendo ya recorrido todo el centro y oeste guatemalteco, correspondía afilar los dientes e ir por los grandes destinos turísticos del país, no sin antes llevarnos una lección de cómo funciona este país: el trato como visitante será mucho mejor en lugares poco turísticos porque en los populares siempre te inflarán los precios de todo, comer en la calle es económico y también lo es comprar ropas en las pacas de ropa americana, toda dieta comienza y termina con los frijoles, el maíz y las tortillas, y en cuanto al ardor mientras más picante es mejor.

Desde Ciudad de Guatemala abordé un bus que me dejó en Senarate, lugar donde comenzó mi travesía a dedo hasta Cobán, cruzando el frío departamento de Bajo Verapaz debido a su intenso bosque húmedo. Traía conmigo una mochila de estrés y cansancio muy pesada y la ansiedad del final de una etapa, la centroamérica latina que estaba por acabar.

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Al llegar a Cobán nos esperaban otros 50 kilómetros hasta el cruce de Lanquín y desde allí 7 kilómetros del peor camino que conducirás en esta parte de Guatemala, incluso te cuestionas como gente puede vivir en lugares así, pero los ríos crean caminos y comunidades, y si una atracción turística es encontrada en la zona, es mucho más valioso. Así fue como en una hora de tramo final arribamos a Lanquín, el pequeño pueblo base para visitar Semuc Champey. Aquí encontraría a dos amigos que me brindarían todo su apoyo en mis días aca: Jonathan del bar la Taberna del Huevo y Bryan del hotel Viñas que hicieron un espacio en sus hogares para quedarme junto a ellos y conocer un poco más de la vida en estos confines. Viajar es cambiarle la ropa al alma y con ellos la mía se encontraba vestida de gala.

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Lanquín es un resumen de Guatemala, a mi juicio. Es turístico, pero también tradicional (sólo ver el mercado), es sincero, pero también aprovechador a ratos. Eso si, siempre te quedas a la larga con lo bueno, esa gente amable y muy inteligente que domina fácilmente tres idiomas, el nativo Qeqchi, el español y el inglés. Fue muy beneficioso para mí que ambos, Jonathan y Bryan, vivieran a la salida de Lanquín hacia Semuc Champey, por lo que los transportes pasaban fuera de nuestro lugar cada media hora aproximadamente. Aquí se presentan ante nosotros otros 9 kilómetros que pueden llegar a tardar 45 minutos debido a lo ruin del camino, con un costo de pasaje entre 10 quetzales y 25. Ya imaginarán quienes suelen pagar más. A poco de llegar a destino ya se observa el caudal del río Cahabon, de color oscuro y a ratos poderoso por la época de lluvias en que nos encontrábamos.

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Yo preguntaba como era posible que ese mismo río que veía fuese el mismo que albergara las turquesas aguas de Semuc Champey, había algo que no me quedaba claro del todo. Entrando al parque se paga la entrada de 50 quetzales para extranjeros (25 para chapines) y damos rienda suelta a la caminata. Como recomendación lo mejor es visitar el mirador en altura primero para ver la panorámica del lugar y luego bajar tranquilamente a disfrutar de sus aguas porque se transpira mucho.

Sobre Semuc Champey la explicación es la siguiente: es un impresionante sistema de piscinas naturales dentro de una densa selva tropical, creado por un puente natural de piedra caliza de unos 500 metros de largo por el que subterráneamente fluye el poderoso río Cahabon, mientras por encima se forman espectaculares pozas de color turquesa. El mirador otorga una vista privilegiada de todo el puente y los alucinantes colores, pero.. ¿cómo? ¿El río pasa por debajo de las pozas? Eso era algo que había que ver de cerca.

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Entonces, Semuc Champey cuenta con varias pozas y manantiales, el río, el puente y la gran cueva. Al descender me acerqué al inicio de la zona de las pozas y desde donde se observa con mucha fuerza bajando el caudal del río Cahabon. Es aquí donde éste se adentra en una cueva subterránea bajo las pozas y continúa su flujo sin poder observarlo desde arriba. Este lugar es llamado ‘sumidero’ o la cueva bajo el puente. Este fenómeno da origen al nombre de todo el lugar, ya que el significado de Semuc Champey es ‘donde el río se esconde bajo la tierra’ en idioma Q’eqchi’. Se comenta que en época de lluvias puede crecer tanto el río que hace al sumidero colapsar y su caudal traspasa por arriba de las pozas.

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Ahora, con el agua del río Cahabon avanzando bajo estas pozas naturales de piedra caliza, ¿Cómo se llenan de agua turquesa? Bueno, del cerro bajan numerosos manantiales de agua fresca que forman pequeños arroyos y estos fluyen constantemente llenando cada una de las pozas. Cuando se van llenando es sólo trabajo de la fuerza de gravedad para que se vayan vaciando una por una formando preciosas cascadas hasta que se vuelven a reunir con el caudal del río que sale del otro extremo de la cueva subterránea. De aquí en adelante sólo era momento de nadar y saltar de una de las pozas a la siguiente, un paraíso turquesa.

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A pesar de la incesante lluvia y la gran afluencia de público, la infraestructura y los diferentes senderos en Semuc Champey están en buenas condiciones, incluso contando en la zona de las pozas con decenas de lockers de madera para dejar tus cosas de valor bajo llave, por lo que llevar un candado es necesario. A ratos el cielo se caía de tanta lluvia ensuciando un poco el color de las piscinas por el arrastre de lodo, pero en cuanto el sol hacía su reaparición era notable observar aquel cambio de color como si fuese un verdadero acto de magia.

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Mi última pregunta en el sitio era sobre la estructura de las piscinas y como se formaron, y la respuesta es debido a que las conchas y huesos de animales del mar que murieron hace miles de años se fueron convirtiendo en polvo, y este polvo se transformó en piedra caliza que en forma de rocas gigantes cayeron de las montañas sobre el río Cahabon para formar el puente. Con el paso de los años y la acción del agua estas piedras se desgastaron para así formar las pozas. Se necesita mucho cuidado para preservar este lugar porque se siente al caminar por las piscinas que el material se deshace fácilmente. Un día para enmarcar que culmina 500 metros más abajo en la gran cascada que una el agua de las pozas con el río que sale de su cueva para volver a ver la luz. Extraordinario.

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De vuelta en Lanquín y con la mejor vista del pueblo en casa de Jonathan me despido de Semuc Champey y de esta comunidad que tan bien me trató. Hay muchas más actividades para realizar, sobretodo en el rubro de los deportes extremos: kayac en los rápidos, tubbing, exploración de cuevas y muchas otras que debido a mi poco tiempo legal en Guatemala tuve que pasar. Se viene un largo viaje para lo que será mi última parada en el país, no puedo creer que ya lleve un mes acá. Nos vemos!

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