Palenque y Calakmul, mis sueños arqueológicos mexicanos

Bien abrigado partí desde el frío de San Cristóbal de las Casas hacia la zona selvática de Palenque en una ruta a la que, debo ser honesto, era la única de todo México sobre la cual sentía cierto temor. En mi cabeza estaba el asesinato de dos ciclistas europeos que hacía 6 meses atrás habían sido asesinados en circunstancias desconocidas, con una policía corrupta que ni siquiera dio testimonios reales. Me daba miedo atravesar Ocosingo a dedo, pero el camino es sagrado y lo haría de esa manera por más riesgoso que fuese. Afortunadamente, un turista belga viajando solo sería quién me daría el aventón necesario para hacer los 210 kilómetros sin tener que detenerme en el trayecto y así evitar cualquier problema.

PALENQUE

En Palenque me esperaba una experiencia que no vivía hace tiempo, realizar un voluntariado en un hostal camino al sitio arqueológico, situación que me animaba bastante. El lugar en cuestión se llama Casa Shanti y efectivamente quedaba a unos 2 kilómetros del pueblo, en dirección a Palenque ruinas. Era un lugar holístico que además de hospedaje ofrece terapias de masajes y de relajación. A mi arribo ya contaban con una voluntaria llamada Paula, una chica argentina de Misiones que se convirtió en mi compañera de estadía por una semana. El voluntariado se explica de forma sencilla, necesitando trabajar alrededor de 4 horas diarias a cambio de dormir en el hostal, en esta ocasión la comida no estaba incluida, pero podías usar las instalaciones del mismo hostal para cocinar.

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Los dueños de Casa Shanti, el venezolano Antonio y la chilena Paola fueron una especie de familia para mi y Paula, es la cosa positiva de los voluntariados. Entre las actividades que tocaba realizar era barrer millones de hojas en una propiedad aledaña de la pareja, así como también realizar mantenimiento diario en el hostal o recibir a los huéspedes nuevos. Tras mis 4 horas, el resto del día era paz y tranquilidad, cocinando alguna delicia junto a Paula o leyendo y escribiendo en el silencio diario del hostal. Por las tardes se escuchaban monos aulladores y un día incluso se acercaron a los árboles de la propiedad. Mis tiempos libres también los dedicaba para pasear por el pueblo, un lugar sin muchas novedades que merecía probar todo lo que la calle ofrecía.

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Palenque es una parada obligada del circuito Chiapas-Yucatán debido a que aquí se encuentra el sitio arqueológico del mismo nombre, que es considerado por muchos como uno de los más increíbles de todo México. Tardé algunos días en visitarlo para familiarizarme con el entorno, en mi cabeza sacaba cuentas y notaba que Palenque sería el décimo sitio arqueológico maya que visitaba (previamente la Joya de Ceren y Tazumal en El Salvador; Zaculeu, Tecpan y Tikal en Guatemala, y Tulum, Izamal, Xcambo, Chichen Itzá en México) así que las expectativas eran altas. Lo positivo era que sólo saliendo de Casa Shanti todos los vehículos van en dirección al sitio, sobretodo por las mañanas, por tanto era muy sencillo levantar el pulgar y encontrar un aventón por los últimos kilómetros, en este caso fue un trabajador del parque en su motocicleta quién me acercó.

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La entrada de Palenque consta de dos partes: una tasa que es cobrada en la entrada del parque que es de 35 pesos mexicanos (1,75 USD) y en el interior del parque se paga otra de 70 pesos (3,5 USD) que es el ingreso al sitio arqueológico y al museo. Así hice mi entrada al reino de Pakal y sus hijos, una ciudad mediana en cuanto a su tamaño, pero asombrosa por el estado de su arquitectura. Aún así, se dice que sólo ha sido descubierto el 2% de toda su extensión, pero ya les hablaré de eso. Al entrar topamos directo con la tumba de la reina roja y el templo de las inscripciones, con la particularidad que tienen abiertas las puertas de entrada y es posible introducirnos al submundo maya dentro de estas magníficas estructuras de roca. ¡OH! Había olvidado contarles algo sobre esta jornada, era 18 de noviembre, fecha en que cumplía mis 30 años de edad.

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Evidentemente menos ruidosa y sin tanto turista como Chichen Itzá o Teotihuacán, el sitio de Palenque es un agrado de recorrer. Ya comenzando por el hecho de tener una densidad de floresta interesante que permite ubicarse bajo la sombra y descansar es un plus muy interesante, porque el sol en esta zona pega muy fuerte. El palacio principal, en medio de todo, cuenta con una de las torres mejor conservadas en una ruina de este tipo, llamada el Observatorio, la cual es posible admirar casi desde cualquier ángulo del sitio arqueológico. Como es común en este tipo de lugares, decenas de artesanos locales ofrecen elementos mayas a precios muy bajos para el mejor de los recuerdos.

Cruzando el acueducto se tiene acceso a los templos del sol y de la cruz, dos pirámides que son posibles de ascender sin problema alguno, con el cuidado de no caer al avanzar sobre escalones muy angostos. En sus cimas poseen inscripciones que se encuentran protegidas y desde ahí arriba se observa toda la selva que rodea a Palenque, un paisaje que sólo comparo con el de Tikal en Guatemala.

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La caminata finaliza en el llamado Grupo Norte donde se encuentran el juego de pelota y el templo del conde, entre otras construcciones. Desde esta zona del parque es posible descender por unas escalera que llevan a una cascada escondida y culminan casi en la entrada del museo arqueológico, que definitivamente vale la pena visitar. Si durante la estadía en Palenque escuchaste infinidad de veces las historias del rey Pakal y como gobernó por siglos de forma bastante brutal junto a su descendencia, la réplica de la tumba del rey en el museo te dejará atónito. A veces imagino cual habrá sido la expresión del tipo que encontró la verdadera tumba del rey en las excavaciones debajo de las pirámides. Una locura..

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Para cerrar la visita a Palenque y a pesar de era mi cumpleaños, seré yo el que les ofrezca un regalo a ustedes en forma de recomendación por si algún día visitan Palenque por su cuenta: Si caminas entre el museo y la entrada principal al sitio arqueológico te cruzarás con un sendero llamado Motiepa, un lugar con monos aulladores y cascadas por montones, y a pesar de que sigues un sendero prestablecido, cada tanto hay pequeños caminos que derivan en sorpresas alucinantes como acueductos mayas y pirámides escondidas que no están completamente descubiertas. Por eso es que les decía que sólo el 2% del parque está descubierto, incluso un amigo hace unas semanas encontró objetos sobre el sendero que fácilmente podrían ser parte de una colección en el museo.

Doy gracias a Palenque, a Casa Shanti y a todos quienes conocí ahí por hacer de mis 30 años un momento de paz y mucho goce, y soy franco al decir que si no tuviese pasaje para volver a Chile me habría quedado fácil un par de semanas más porque lo disfruté a reventar, fue un placer acompañar y apoyar a Paola y Antonio en este hermoso proyecto personal. Extrañaré esas tardes de silencio, sólo perturbado por el cantar de los monos aulladores.

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CALAKMUL

Si de sitios arqueológicos mayas se trataba, desde que entré a Guatemala y México siempre tuve en mente un sueño a realizar y esperaba que tras Palenque pudiese lograrlo, pero necesitaría de mucha voluntad y algo de suerte. Ese sueño era Calakmul, un lugar del que no se tiene mucha información y la poca que hay dice que prácticamente si no tienes un tour agendado, es imposible de visitar. Salir de madrugada de Palenque fue crucial porque pagué uno de los primeros transportes hacia el norte, más específico hasta el cruce de Catazajá. Llegar aquí es fundamental porque en este punto se unen las carreteras de Yucatán con la de Palenque y Villa Hermosa, entonces todos los camiones que se dirigen a Campeche atraviesan este cruce. Eran las 7:30 AM y con menos de 15 minutos pidiendo ride un camión grúa me alzó y comenzamos el largo viaje. Habíamos partido de maravillas.

¿Cual es la complicación específica que Calakmul tiene? Les explico: La entrada al parque al igual que en otros sitios arqueológicos como Tikal o Palenque se encuentra a numerosos kilómetros del sitio mismo, pero esta vez es una distancia gigante, cerca de 60 kilómetros, entonces si no encuentras un vehículo particular dirigiéndose a las ruinas es imposible que puedas acercarte solo. Siendo las 10:30 AM y habiendo hecho casi 200 kilómetros en el camión grúa con desayuno incluido, ya me encontraba en el pueblo de Escárcega y a menos de 100 kilómetros de mi primer destino. Mis agradecimientos van en este momento hacia la pareja de belgas de vacaciones que me acercaron esos kilómetros restantes, llegando a Calakmul cerca de las 1 PM.

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Ahora venía el momento complicado, buscar alguien que a esta hora pueda alzarme a Calakmul ruinas (para una zona arqueológica que cierra a las 6 PM cualquiera hora después de mediodía ya es tarde). Mientras esperaba conversaba con unas damas que vendían los tickets de la entrada, porque Calakmul cuenta con 3 ingresos pagados de 50, 68 y 70 pesos mexicanos respectivamente (Total 188 pesos mexicanos = 9,5 USD) y mientras no consiga el anhelado transporte no me convenía pagar la primera entrada. Transcurrieron largos minutos que se convirtieron en horas, mientras yo ya comenzaba a preguntar a los cuidadores donde podía colocar la carpa para pasar la noche y entrar al día siguiente a primera hora, cuando de pronto un auto con dos extranjeros se aproxima a la primera caseta. Al explicarles mi situación no dudaron en ofrecerme lugar en su auto y comenzamos juntos la aventura.

Ellos eran Kimberly y Taylor, neozelandeses en un viaje sin fecha de regreso por Latinoamérica. La hora y poco de viaje que tardamos en cruzar aquel camino de tierra que nos llevaba a las ruinas se nos hizo cortísimo de tanta charla sobre nuestras historias y experiencias, como si nos conociéramos de siempre. Además de agradecerles el gesto, les comentaba que durante este viaje que hacíamos juntos yo lograba la meta de 43000 kilómetros desde que salí de casa, de los últimos “miles” que me quedarían antes de volver.

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Me cuesta explicarles lo emocionado que estaba, me prometía que esta sería el último yacimiento arqueológico del viaje aún sabiendo que había un par que había dejado pendiente como Uzmal, Ek Balam o Cobá, pero mi cabeza no podía pensar en otra cosa, estaba en Calakmul! En términos de localización, Calakmul se concentra en el corazón de la selva que divide México y Guatemala, que del otro lado de la frontera (a unos 30 kilómetros a través del bosque) alberga sitios como Tikal del lado chapín. No teníamos mucho tiempo para recorrer, así que debíamos ser eficientes en el uso de nuestro tiempo, dirigiéndonos primero a los Templos I y II, los dos más altos y principales del sitio arqueológico.

Como imaginaba, el sitio arqueológico estaba completamente vacío. Si en las 4 horas que estuvimos dentro nos cruzamos con 10 personas estaría exagerando, teníamos el lugar sencillamente para nosotros. Teníamos libertad para hacer y deshacer a placer y alucinamos al comparar lo bien cuidado que está el lugar sin turistas que lo masacren como ocurre en sitios como Chichen Itzá o Tulum, es como si así hubiese sido descubierto en 1930. Montarnos en todo lo alto de ambos templos y dimensionar la infinidad de la selva alrededor era algo extraordinario, incluso contemplando fauna como venados, monos y al atardecer con algo de suerte, el rey jaguar.

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Todo nuestro radio de visibilidad era aquel denso bosque que bajo ese verde intenso alberga cerca de 6000 estructuras de roca. Una de nuestras inquietudes era sobre como descubrieron una ciudad de este tipo en medio de la selva, a lo que un guía nos comentó que fue en 1930 por trabajadores que recolectaban el chicle, una savia de los árboles, y que para su búsqueda se adentraban en el bosque por semanas haciendo campamentos. Así fue como un biólogo estadounidense dio con el yacimiento y lo nombró Calakmul que en maya significa dos montículos adyacentes, los mismos sobre los cuales nos encontrábamos en este preciso segundo.

Como en la mayoría de los sitios arqueológicos mayas, estábamos frente a alrededor de 1500 años de vida y muerte de decenas de generaciones. De alianzas y guerras, de sacrificios humanos y astrología, de una cosmovisión y un lenguaje único en su especie. Historia pura en cada una de las rocas. Los funcionaron que trabajan limpiando la reserva gustan de hablarte y ayudarte a entender particularidades del sitio a cambio de una cooperación voluntaria e incluso te dejan quedar después de cerrado el parque para ver el atardecer desde todo lo alto. En una noche que nos celebró esta gesta con una luna llena colosal sobre una de las pirámides. Calakmul, mi último sueño mexicano. Van quedando los últimos días en este parte de América, siempre con la vista al frente.

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