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Moais: La ruta de la creación y un relajante final (Parte 4/4)

Mis días rodeado del Océano Pacífico estaban contados. Había pasado casi una semana en Isla de Pascua y comenzaba a ver los atardeceres con un dejo de nostalgia porque sabía que no durarían mucho. La hospitalidad del hogar de Mataika era un catalizador de emociones que me hacía comenzar y terminar cada día con éxtasis. Rapa Nui me hacía un hombre feliz.

Pero no todo era placer. Había que cumplir objetivos, y uno de ellos era escribir una guía que permitiera a viajeros recorrer la isla con el menor presupuesto posible. Y para eso debía dejar mi hogar postizo y buscar un lugar que cumpla con las famosas «tres B», del bueno, bonito y barato. En Isla de Pascua es posible encontrar alojamientos de todos los valores, desde 200 mil pesos (400 dólares) la noche hasta camping confortables y económicos. Mi elección fue la del Camping Mihinoa, frente al mar y a un costado de la caleta Hanga Piko. Con internet, duchas calientes, cocina y buen ambiente, por menos de 10 dólares es la alternativa más recomendada.

En la cotidianidad del camping tuve la oportunidad de conocer a los chilenos Soledad, Sebastian, Manu, y a Sue, una española radicada en el país. El grupo tenía el mismo plan: darle la vuelta a la isla sin hacer que nuestros bolsillos sangren, y por suerte los arriendos de vehículos son bastante económicos, más aún si se viaja en conjunto. Por 25 mil pesos (40 dólares aprox) conseguimos un Suzuki Vitara y salimos a apoderarnos de este último tramo que me quedaba por conocer. El mapa del recorrido lo adjunto al final del texto.

El punto negativo de hacer el viaje por las tuyas es perder el conocimiento que entrega un guía pagado, pero varios de nosotros llevábamos numerosos días en la isla y sólo hubo que reunir las experiencias sobre la carretera. Todos para uno y uno para todos. La primera parada eran las ruinas arqueológicas de Vinapu, al este del volcán Rano Kau.

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Vinapu es un complejo de plataformas muy particular. porque cuenta con una técnica de construcción y trabajo en la piedra única en toda la isla, y que hace recordar especialmente la cultura inca de América del Sur. Por ejemplo, el Ahu Tahira es una plataforma con 6 moais caídos hacia adelante y con un muro posterior que nada tiene que envidiarle al tallado perfecto de algunas ruinas alrededor de Cuzco. Este tipo de construcción, y el hecho de encontrar fauna como la gallina polinésica en el sur de Chile, han hecho creer a muchos científicos en la relación entre la cultura de la polinesia y la sudamericana.

La otra plataforma del complejo Vinapu de homónimo nombre, muestra un pilar de piedra roja con un tallado particular que hace pensar que podría haber sido un moai femenino, debido a los detalles de los brazos, pechos y manos.

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Desde Vinapu se bordea toda la costa sur de la isla hasta llegar a las faldas del mismísimo Poike, el tercero de los volcanes principales de la isla. La costa estaba habitada por varias aldeas en la antigüedad, por tanto es común encontrar plataformas ceremoniales moais en esta ruta. La siguiente en aparecer es Vaihu, ubicada en la bahía Hanga Te’e.

Sentarse frente a Vaihu en completo silencio es una de las mejores experiencias a vivir en Isla de Pascua. Enclavada sobre unos enormes acantilados, el sonido de las olas reventando en las paredes de la bahía acompaña a los ocho moais y los numerosos pukaos que están desparramados alrededor del ahu. Frecuentemente este lugar es utilizado para la pesca y cuando la marea no golpea con la fuerza tradicional, incluso es posible bañarse en sus aguas transparentes.

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La última de las plataformas previas a llegar a la cantera Rano Raraku es Ahu Akahanga. Este lugar alberga al menos una docena de moais, algunos de sobre 6 metros de altura, nuevamente todos yaciendo sobre el suelo. Recordaré que fueron los mismos aldeanos de la isla, durante las disputas de poder de las diferentes tribus en el siglo XVII, quiénes derribaron sus propios moais, en un periodo de decadencia de la isla.

La importancia del Ahu Akahanga está en que no ha sido jamás restaurado, y en la teoría de que el primer rey de la isla, el ariki Hotu Matua estaría enterrado bajo sus pies. A un costado de la plataforma es posible encontrar también algunas casa-botes, viviendas muy comunes entre los habitantes antiguos de Rapa Nui.

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A un par de kilómetros de llegar al Poike, una montaña de considerable tamaño se presentó ante nosotros. No era uno de los tres volcanes principales (llamados así porque sus erupciones dieron forma a lo que hoy es Isla de Pascua), pero si es un lugar de suma importancia para la cultura Rapa Nui. Habíamos llegado al volcán desde cuyas laderas se tallaron todos los moais de la isla para luego ser transportados a su punto de destino final. Habíamos llegado a la cantera Rano Raraku.

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Sólo dando una vista fugaz a esta monumental montaña observas una infinidad de moais en distintas fases de su construcción. Los Rapa Nui escogieron este lugar para esculpir las estatuas debido a que existe una roca volcánica con una dureza inferior al resto de la isla. En el estacionamiento del lugar hay una cafetería y numerosos puestos de artesanía, muchos de ellos ofreciendo miniaturas de los ejemplares que en pocos minutos veríamos en tamaño real.

Rano Raraku tiene dos caminos, uno que se dirige al interior del cráter del volcán, y otro que se adentra en las profundidades de la cantera, sector por el cual comenzamos. Tras caminar sólo unos segundos pasas a estar completamente rodeado de moais, la gran mayoría de ellos enterrados en el suelo, mientras otros sufrieron el rigor de la gravedad y se encontraban caídos y quebrados. Algunos de ellos fueron desenterrados décadas atrás demostrando sus cuerpos subterráneos y sus alturas que llegaban hasta los 13 metros de alto.. una verdadera locura.

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Unos pasos mas adelante encontramos una de las postales Rapa Nui más compartidas en el mundo, las dos cabezas de moais más conocidas de Rano Raraku. La estatua de adelante distingue por sus rasgos bien marcados, que a la cercanía te deja sin palabras. También, a medida que avanzamos por el sendero, logramos encontrar moais en construcción, incluyendo al más grande jamás hecho en la isla, que debe medir más de 20 metros de altura. Sobre el final del camino vimos una de las estatuas más sorprendentes de la isla, el famoso moai arrodillado, en un mirador que dejaba ver el Poike y nuestro próximo destino, el Ahu Tongariki.

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El sendero de regreso sólo fue la gota final que rebalsó el vaso de mis ojos, un lugar que terminó por maravillarme y que desde ese momento se convirtió en mi lugar favorito de la isla. Desde este volcán comenzó toda la historia que hoy conocemos, toda la historia que hoy compartimos de boca en boca sobre estas majestuosas construcciones. Al terminar de ver la cantera, caminamos hacia el interior del cráter, dejando ver la laguna que existe en su interior y el resto de las estatuas que se observan en su ladera. Un lugar dónde los isleños trabajaron a destajo y donde la evidencia de su esfuerzo hoy es Patrimonio Mundial. Decíamos adiós a los casi 400 moais de Rano Raraku, un lugar que jamás, pero jamás olvidaré.

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Y si mi reciente visita me había convertido en el viajero más feliz del mundo, no sabía aún lo que me estaba esperando. A menos de un kilómetro de distancia de Rano Raraku se encuentra Ahu Tongariki, probablemente el santuario moai más reconocido y memorable de la isla. Las 15 estatuas que componen esta plataforma de 220 metros forman probablemente la mayor hazaña escultórica de Rapa Nui y la más grande de la Polinesia.

Este ahu fue reconstruido tras el terremoto de 1960 en Chile y muestra con mayor detalle las diferencias entre cada moai, ya que ninguno en toda la isla es igual a otro. Finalmente, es de conocimiento público que ver el amanecer en la plataforma Tongariki es una de las maravillas más grandes que podrías vivir en tu vida, más aún si la fecha para hacerlo es entre el 21 de diciembre y el 21 de marzo, dónde el sol calza perfectamente detrás de las estatuas.

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A esta altura estábamos a los pies del Poike, ruta que nos hacía virar al norte y cruzar la isla de costa a costa. Por primera vez en mi estadía en Rapa Nui, miraba hacia el extremo dónde las brújulas suelen apuntar. Mi cuerpo y el de mis compañeros pedían aires de playa, y nos estábamos acercando lentamente hacia ellos. Antes, eso si, visitamos el Ahu Te Pito Kura, una interesante plataforma que cuenta con el moai más grande jamás transportado a su destino final (12 metros incluyendo el Pukao) y por tener a su costado una gran roca circular enterrada conocida como «la piedra magnética» debido a que vuelve locas a las brújulas que tienen el valor de posarse sobre ella.

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La visita por el museo al aire libre más grande de Chile estaba culminando. Las energías se acababan, nuestros cuerpos y mentes necesitaban un descanso y lo tendrían merecidamente. Por ser Isla de Pascua de origen volcánico, todas sus costas están bañadas de filosa roca dura, teniendo sólo dos pequeñas playas para disfrutar. Una es Ovahe, una pequeña y desconocida playa que permite a muchos viajeros tener un paraíso casi privado por unas horas y la otra es Anakena, la gran y turística playa que además cuenta con su propia plataforma ceremonial, el Ahu Nau Nau.

Es así, recostado sobre una toalla en blancas arenas, que mi viaje se daba por terminado. Rodeado de tropicales palmeras, aguas turquesas y los últimos siete moais que vería en mi estancia en Isla de Pascua. De no haber vuelto desde Ecuador por ese ya desaparecido problema de salud, no habría tenido la oportunidad de visitar este histórico lugar nunca. Las cosas pasan siempre por algo, aunque no sepamos de qué se trata. Maururu, Rapa Nui.

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NOTA: Mapa del trayecto realizado este último día.

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